Descarga del nº1 del Fanzine In Focus (PDF, 1,6MB)
En junio del 2000 mostró su última portada en los kioskos el mensual El Tubo, donde el compañero Sachs Le Loup y yo mismo colaborábamos.
El cierre no nos pilló por sorpresa, pero sí con material que se había quedado en el Word Perfect sin que llegase a los lectores. Nos dio pena, así que nos pusimos manos a la obra con la intención de hacer un fanzine “a la vieja usanza”, fotocopiado y grapado, en el que verteríamos aquellos contenidos y que, en principio, estaba llamado a ser un número único.
Aquella aventura dejó claro que somos de los que se lían la manta y no saben poner ni límites ni frenos. Lo que estaba llamado a ser una publicación doméstica y cerrar la persiana según la abrió, acabó llenando más de 500 páginas DINA4 en 5 números (más un especial monográfico). Lo que se suponía que era un trabajo mano a mano entre Sachs y yo, acabó teniendo más de una treintena de colaboradores. Lo que debía haber durado un mes, duró 3 años.
Se nos fue de las manos.
La línea editorial era tan clara como antiperiodística (pero nos encantaba): lo metíamos todo y sin corte alguno. Cualquier colaboración era bienvenida y recibía su espacio. Y si alguno era más “periodísticamente responsable” que nosotros y nos preguntaba “¿cuántos caracteres?”, la respuesta siempre era: “los que necesites para contar tu historia”.
In Focus se convirtió, así, en la bitácora musical de lo que sucedía en Bilbao, en el Gran Bilbao y, en menor medida, en el resto de Euskadi. Y llegamos a incluir aportaciones que nos llegaron desde Madrid, Cataluña y Galicia.
En la “Mesa nacional de In Focus. Primera asamblea”, aparte de nosotros dos, también estaban Gotzon Uribe y Luppo Claqué, si bien, finalmente, las riendas de la publicación las manejaba el azar, es decir, Sachs y yo. Él en lo referente a textos y “relaciones sociales”, y yo en la fotografía y el QuarkXPress.
In Focus era “Gratuito a nuestro pesar” y así se hizo constar en la portada de los 5 números. No nos gustaba la idea de regalar tanto trabajo y creíamos que merecía ser pagado, pero, por aquel entonces estaba en plena eclosión la prensa gratuita (que tuvo su parte de responsabilidad en la muerte de El Tubo) y creímos, quizá equivocadamente, que en aquel contexto poner precio podía hacer que nos comiésemos todos los ejemplares.
Así pues, nos financiamos con publicidad: de garitos esencialmente, y de discográficas y promotores en menor medida. Para cada número hacíamos recuendo de los módulos de publi que habíamos apalabrado y con esas cuentas (y el número de páginas) nos presentábamos en la imprenta a preguntar cuántos ejemplares podíamos hacer. La tirada máxima, así conseguida, llegó a los 1000. En todos los números hubo quien no nos pagó y el saldo negativo salió de nuestros bolsillos.
Espero que aún tenga algún interés, porque tengo intención de colgar los 5 In Focus, en formato PDF, en este blog.
Aquí tenéis el primero de ellos. El primer link es la publicación completa y los restantes son los diferentes capítulos del mismo, para quien quiera leer sólo lo que le interesa. No he extraído las secciones de agenda, críticas de discos, películas, libros y crónicas de directos. Para acceder a ellas hay que abrir el documento completo.
Inauguro con esta extraordinaria foto de Steve Vai por Lyle A. Waismanuna sección que podríamos denominar: “Fotos de conciertos que me gustaría haber hecho a mí”. No os culparé si lo traducís directamente por “envidia cochina”, porque las fotos que traiga a esta sección me producen, precisamente, eso: envidia.
Foto de Steve Vai por Lyle A. Waisman
Lyle A. Waisman es un fotógrafo chicagüense especializado en fotografía de conciertos. Uno de mis preferidos actuales a nivel mundial. Y no me atrevo a decir que es mi preferido absoluto porque en su web sólo muestra un magnífico portfolio y no su trabajo día a día, donde el nivel de excelencia, supongo, no será tan alto.
La lista de clientes para los que ha trabajado es casi tan larga como la de artistas a los que ha fotografiado y, como supondréis, elegir una entre sus fotos para destacarla aquí no ha sido tarea fácil. Así pues, he decidido que nadie mejor que él mismo para hacer la selección y me he decantado por una de las dos fotos que ha puesto como portada de su web.
Página de inicio de la web de Lyle A. Waisman
La foto de Steve Vai acumula todos, o casi todos, los méritos del estilo de Waisman. Técnicamente está cerca de la perfección: magnífica exposición y total nitidez. El momento es todo lo expresivo que una foto de concierto puede ser. El punto de vista, frontal, cercano y con lente angular, es el idóneo para captar el momento: el lugar donde siempre nos gustaría poder estar y donde, por desgracia, casi nunca podemos. Y todo ello en un momento en el que tanto la luz que cae sobre Steve Vai como la del fondo resultan fantásticas.
En cuanto a la composición, como se ve por las propociones (5/6), la imagen ha sido recortada para conseguir llenar el encuadre. Me gustaría ver cómo es la toma original, porque echo en falta los pies de Steve Vai. En principio yo preferiría una toma de cuerpo entero, pero si Waisman ha optado por ese reencuadre, pocas dudas me caben de que es el adecuado.
Espero que paséis un buen rato disfrutando de sus fotos en www.concertscenes.com y, si sois fotógrafos de conciertos, espero que no seáis de los que sufre de envidia, como yo.
Por Dena Flows, 22.02.2010
Categorías: Canción, Música
El otro día tuve una de esas experiencias semi-místicas que nos proporciona la música de vez en cuando. Fue escuchando Hymn of the big wheel, de Massive Attack.
Paso dos horas en un autobús cada día de la semana y, para hacer más digerible el castigo, acostumbro a pasarlas dormido, convirtiendo el trayecto en una suerte de hiperespacio puerta a puerta, en el que, para el resto de los mortales, no soy más que un cuerpo inerte.
El martes pasado, cuando acabó el viaje de vuelta y retorné del sopor, sonaba Hymn of the big wheely me fue imposible retornar del todo a la vigilia. Subí el volumen hasta un poco más de lo que los otorrinos aconsejan: lo justo para no poder oír nada del exterior, y empecé a caminar por las calles del barrio (peatonales, por suerte).
Así, despierto únicamente en la medida en que los demás pudiesen ver en mí algo más que un zombi, escuchaba
“The big wheel keeps on turning
On a simple line day by day”
y los demás me parecían zombies a mí.
“Look my son the weather is changing”
El recogimiento sobre uno mismo que provoca el frío de febrero; el aislamiento que supone privar a la ciudad de sus sonidos naturales; mi estado de semi-somnolencia; las voces de Horace Andy y Neneh Cherry y el hipnótico didgeridoo hacían que me sintiese fuera de linea, fuera de la gran rueda. Me sentía espectador.
“The earth spins on its axis
One man struggle while another relaxes”
Me parecía que todos los demás eran los que se esfuerzan, mientras yo me relajaba.
Anduve muy despacio y puse la canción una y otra vez. Cinco, seis, siete veces. Viendo los escaparates desde la perspectiva del duermevela. Dando rodeos para no llegar a la puerta de casa. Escrutando las caras para evitar a cualquiera a quien tuviese la obligación de saludar.
En mi pequeño y, por desgracia, breve nirvana.
Hymn of the big wheel
Massive Attack (Blue Lines, 1991)
The big wheel keeps on turning
On a simple line day by day
The earth spins on its axis
One man struggle while another relaxes
There’s a hole in my soul like a cavity
Seems the world is out to gather just by gravity
The wheel keeps turning the sky’s rearranging
Look my son the weather is changing
I’d like to feel that you could be free
Look up at the blue skies beneath a new tree
Sometime again
You’ll turn green and the sea turns red
My son I said the power of reflections over my head
The big wheel keeps on turning
On a simple line day by day
The earth spins on its axis
One man struggle while another relaxes
We sang about the sun and danced among the trees
And we listened to the whisper of the city on the breeze
Will you cry in the most in a lead-free zone
Down within the shadows where the factories drone
On the surface of the wheel they build another town
And so the green come tumbling down
Yes close your eyes and hold me tight
And i’ll show you sunset sometime again
The big wheel keeps on turning
On a simple line day by day
The earth spins on its axis
One man struggle while another relaxes
As a child solemn pray my hope hides in disguise
While satellites and cameras watch from the skies
An acid drop of rain recycled from the sea
It washed away my shadow burnt a hole in me
And all the king’s men cannot put it back again
But the ghetto sun will nurture life
And mend my soul sometime again
The big wheel keeps on turning
On a simple line day by day
The earth spins on its axis
One man struggle while another relaxes
“Concert Photography. How to shoot and sell music-business photographs” de Jon Sievert (Humble Press, 1997) es el único manual dedicado en exclusiva a la fotografía de conciertos (que yo conozca). Aunque fuese infumable, sólo por eso, merece ser glosado en cualquier sitio donde se hable de esta faceta de la fotografía. Pero resulta que es muy bueno así que, aunque suponga pegarme un tiro en el pie a mí mismo (a mis pretensiones didácticas sobre la materia), el post de hoy se lo dedicaré a esta biblia de la fotografía de conciertos.
17 años como fotógrafo en la plantilla de Guitar Player, y la ayuda de un buen puñado de compañeros fotógrafos, dieron a Jon Sievert la experiencia y autoridad suficiente para poner, en 333 páginas, el alfa y el omega de la fotografía de conciertos. No hay ni un aspecto de esta actividad que no tenga mención: desde conseguir la acreditación para poder realizar las fotografías hasta los entresijos legales inherentes al negocio, sin olvidarse, por supuesto, del aspecto técnico.
Jon Sievert explica, con un inglés apto para cualquiera que sea capaz de navegar en internet por webs anglosajonas, cómo empezar, cómo hacerse un hueco en el mundillo, cómo hacer las fotos, cómo venderlas y cómo cuidar el valor que tienen. Es decir, nos lo explica todo. Incluso ofrece un directorio de publicaciones (estadounidenses) y una estupenda bibliografía.
Por supuesto, no faltan ilustraciones con fotografías del autor y de otros fotógrafos para completar una obra redonda.
Debemos tener en cuenta, eso sí, que fue editado hace más de una década y está pensado y desarrollado desde el contexto norteamericano. Así, las referencias al material están totalmente desfasadas: la fotografía digital ocupa 2 páginas que no dejan en buen lugar ese “nuevo mundo”; también cita la controversia entre enfoque manual y autofocus, hoy día totalmente superada.
De igual manera, los consejos acerca del negocio hay que tomarlos, desde nuestro punto de vista, con mucha cautela: son aplicables al mercado estadounidense y al año 1997.
Finalmente, internet tampoco tiene protagonismo destacable en este libro.
Aún con esas limitaciones, no deja de ser un libro necesario. Necesario, no sólo porque nos muestra cómo eran las cosas en ese contexto, sino porque, de alguna manera, también nos muestra cómo deberían ser en el nuestro. Sobre todo, en lo referente al aspecto puramente “administrativo” de esta actividad, pero también en el aspecto técnico: aunque los materiales hayan cambiado, a la hora de juzgar la excelencia o utilidad de una fotografía, los criterios de entonces siguen siendo válidos hoy y aquí los encontraremos bien sistematizados.
Concert Photography de Jon Sievert. Páginas interiores
He dicho al principio que recomendar la lectura de este libro es como hacerme la cama a mí mismo. Una vez leído, ¿qué voy a aportar yo sobre el tema? La respuesta, en perfecto castellano, en próximos posts