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Stanley Kubrick, fotógrafo

Niños boxeadores por Stanley Kubrick

Niños boxeadores. Foto por Stanley Kubrick (octubre, 1947)

Stanley Kubrick (1928-1999), quien después fuera indiscutible (y, aún así, discutido) maestro del cine, se dedicó a la fotografía profesionalmente, para la revista Look, en el quinquenio que va desde 1945 a 1950. 60 años después se ha organizado, por primera vez, una exposición de aquellas fotografías. Ha sido en Milán y he tenido la suerte de haber pasado unos días en la ciudad italiana y haber podido verla.

El Palazzo della Ragione de Milán no se pensó para sala de exposiciones, no, pero a fe que han aprovechado el espacio estupendamente para la muestra de arte y de fotografías. Sobre todo en lo tocante a la iluminación de la obras, que es perfecta, tanto en cantidad, como en dirección. Es de agradecer, sobre todo, la ausencia de reflejos, ese mal tan grave como extendido en las salas de exposición.

La mayoría de las fotografías son de formato cuadrado y en blanco y negro (¿Hasselblad, Rollei? no sé); casi todas instantáneas, aunque también hay buena representación de posados.

No me ha parecido, en conjunto, un trabajo que vaya a pasar con honores a la historia de la fotografía. La calidad media es la de un buen profesional, es decir, alta pero no grandiosa. Cuatro o cinco de las fotos, sin embargo, sí que tienen categoría de inmortalidad. Fotografías para colocar, sin rubor, en la misma pared donde pondríamos fotos de Cartier-Bresson o de Doisneau.

La exposición no se centra en fotos, sino en reportajes, lo que me parece muy adecuado, considerando el trabajo que Stanley Kubrick desarrolló como fotógrafo, además de permitirnos conocer no sólo cómo se acercaba a cada toma, sino a cada tema.

En mi opinión, los reportajes más logrados son los dedicados a la actriz Betsy Von Fürstenberg bajo el título “una debutante en alza”; a la Universidad de Michigan (donde se centró en la presencia femenina, dado que esta institución fue la primera, en 1870, en admitir mujeres en sus aulas), y al Circo, un amplio reportaje en el que tienen cabida tanto las escenas freaks, como la vida cotidiana de los artistas, como las escenas tiernas con cachorros (animales y humanos).

La foto que más me impactó, no obstante, no está en ninguna de esas series. Es la que podéis ver al  incio del post, la de los niños boxeadores. Podría haber cuidado un poco el fondo, que está lleno de molestias, pero la acción central es lo suficientemente potente como para pasarlas por alto. Me encanta como toma de acción -tiene una plasticidad perfecta-, pero los protagonistas, unos críos, son los que le dan un significado especial, aparte del carácter de documento histórico que tiene la imagen: los calzones, la desnudez de los pies, los guantes, que son más grandes que sus cabezas (¿interés en la protección o escasez de tallas?).

De hecho, como tantas veces ocurre, las fotografías de Kubrick, aparte de lo buenas o regulares que sean, ganan en la medida en que son testigos de una época, en la medida en que nos acercan a mundos que ya no se van a repetir.

Por cierto, por hacer este post doblemente “on topic” también hay en la exposición una serie dedicada al Jazz, en la que se incluye esta magnífica instantánea:

Jazz. Foto por Stanley Kubrick (junio, 1950)

Jazz. Foto por Stanley Kubrick (junio, 1950)

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[OffTopic]. Javier Ortiz. Columnista. 28 de abril, 1948-2009

Hoy hace un año de la muerte del “periodista de opinión” Javier Ortiz. Hace 365 días yo no tenía blog y no pude unirme a los muchos homenajes que recibió, así que aprovecho la triste efeméride para rendir el mío.

No soy capaz de recordar que el fallecimiento de una persona desconocida me hubiese afectado tanto antes del de Javier Ortiz. Claro que resulta discutible tildar de “desconocido” a alguien cuyas reflexiones (trufadas de anécdotas personales) he leído, dia sí, día también, desde que descubrí sus columnas en El Mundo del País Vasco. De aquello hace ya muchos años y, desde entonces, ya sea en prensa escrita, ya sea en su blog personal, le he seguido cual perro faldero, faltando a la cita únicamente cuando el propio Javier lo hizo, es decir, el día de la muerte de su madre.

Se suele decir que nos gustan los columnistas en la medida en que vemos nuestras opiniones reflejadas en sus escritos. Nos enganchamos a aquellos que ponen en ordenados, pulcros y bonitos píxeles aquello que nosotros mismos pensamos. En la mayoría de los casos, aunque no siempre, así es; y en lo que respecta a mi relación con las columnas de Javier Ortiz puedo asegurar con rotundidad que es completamente cierto. Si intento contar las veces en las que sus palabras no reflejan a la perfección mis propios puntos de vista sobre los más diversos asuntos, me sobran los muñones.

Eso sí, su esfuerzo confeso, -y exitoso- por buscar siempre la vuelta que pase de rosca la tuerca es lo que lo diferenció de otros tantos periodistas con cuyas opiniones comulgo y que, sin embargo, soy incapaz de seguir a diario.

Para decir lo mismo que dirán cientos, mejor no decir nada.

Más de una vez escribió que después de la muerte hay exactamente lo mismo que antes del nacimiento: nada. En esa certeza también coincido plenamente, así que doy por seguro que no se enterará de lo que escribo ni en el más allá, ni en el más acá, ni en el cielo, ni en el infierno, ni reencarnado en gato -cosa que seguro que le habría gustado-, ni desde Jamaica -lugar desde el que aún “escribe” su blog-. Es posible que os extrañe que use el presente para referirme a Javier Ortiz, y es que hay otra verdad que, en su caso, se me hace más patente que en ningún otro: su obra lo mantiene vivo. Durante este último año, de la misma manera que si aún se sentase cada mañana ante el teclado de su ordenador, su blog se actualiza diariamente y con esa misma frecuencia sigo leyéndolo.

Unas veces porque el tema es intemporal (de los de “la nevera”, según él), otras porque la historia se repite, otras por la calidad del escrito y, muchas, por todo ello a la vez, lo cierto es que leo las entradas del blog con el mismo interés y placer que si hubiesen sido tecleadas horas antes en vez de hace años.
Sirvan mis palabras, pues, para dar difusión a sus posts: en la columna de la izquierda, en la sección de blogs offtopic, tenéis el enlace a su bitácora.

No sé quien se encarga del trabajo de actualización, pero quiero transmitirle mi agradecimiento y ánimo para que continúe con la labor.

De paso, aprovecho para dar difusión al homenaje a Javier Ortiz el próximo día 30 de abril en Donostia.

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In Focus #3. Otoño de 2001. Me gusta toda la buena música desde 1920 hasta 2001

In Focus fanzine nº 3 (PDF, 2,7MB)

In Focus fanzine nº 3 (PDF, 2,

La tercera entrega de In Focus llegó a las 106 páginas.

Deke Dickerson nos contó que “Amo la buena música desde 1920 hasta 2001″. No podíamos estar más de acuerdo, así que llevamos la sentencia a la portada, haciendo nuestra su declaración de principios.De hecho, los contenidos de este número refrendaban la idea: de The Business a Madredeus; de Skalariak a Walkabouts, hicimos lo que un político (de derechas) llamaría un número sin complejos.

Aparte de las secciones habituales, el tercer ejemplar de In Focus salió con algunas novedades: poster central, relatos y una sección de internet que, la verdad, no cuajó, pero ahí quedó el intento.

Al hilo de esto, me pregunto por qué desaparecieron los posters de las revistas musicales no dirigidas a adolescentes. Son una institución a recuperar. Incluso podrían ser un clavo ardiendo al que las revistas en papel podrían agarrarse para luchar contra internet, en uno de los pocos campos en los que una web no puede competir con el producto físico. Tiro el guante a ver si alguien lo recoge.

La otra novedad fue la inclusión de relatos. Concretamente, dos relatos y una poesía a cargo de Dave Alvin que, por aquellas fechas, publicaba obra escrita con Gamuzal Azul. Dimos cuenta de ello y nos obsequiaron con el texto de adelanto.

Como en anteriores entregas del fanzine, tenéis la opción de bajaros el PDF completo o únicamente los artículos que os interesen. Recordad, en todo caso, que en el número completo están las secciones de crítica, breves y reseñas de directos.

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The Reverend Horton Heat (Kafe Antzokia, Bilbao, 10/IV/2010). Robots con alma y talento

Ver (y fotografiar) a The Reverend Horton Heat era una de esas cuentas pendientes de las que ya me quedan poquitas. La (pésima) suerte quiso, el año pasado, que las fechas de la gira del reverendo y de Tom Waits (en aquel momento, dos de los conciertos en que más interés tenía) coincidiesen y que me fuese imposible ver a ambos. Me decidí, con igual medida de dolor e ilusión, por Tom Waits.

Ayer, para colmo de bienes en el bilbaino Kafe Antzokia, curé aquella herida. Y con la mejor medicina posible.

The Reverend Horton Heat (Kafe Antzokia, Bilbao, 10/IV/2010)

The Reverend Horton Heat (Kafe Antzokia, Bilbao, 10/IV/2010)

Ver a Jim Heath con su Grestch fue una auténtica revelación. Quizá los guitarristas (o gente con más conocimientos que yo) son capaces de captar en las grabaciones la pericia que se esconde detrás de las canciones de The Reverend Horton Heat; yo, sin embargo, necesité ver esos dedos cambiando de posición y correteando por el mástil para darme cuenta de que este hombre no sólo hace grandiosas canciones, sino que es uno de los mejores guitarristas que haya tenido la suerte de ver. Uno de esos que hace virguerías con tal facilidad que te hace creer que tú podrías hacerlo o que él lo haría igual-igual con una sola mano.

Si fuese un tripulante de la Nebuchadnezzar y en un paseo por Matrix necesitase urgentemente tocar la guitarra, cogería mi celular, llamaría a “Operador” y le pediría que me cargase el “Programa Jim Heath” con el que me vería preparado para dar una paliza a Eugene Martone y a Jack Butler jugando al Guitar Hero.

Eso sí, les retaría a tocar canciones y no vacuos ejercicios de virtuosismo más propios para un estadio deportivo que para un escenario musical. Porque si The Reverend Horton Heat van engrasados y programados como robots, son robots salidos de los sueños de Asimov: robots con alma. Sabiduría y precisión al servicio del talento.

The Reverend Horton Heat (Kafe Antzokia, Bilbao, 10/IV/2010)

The Reverend Horton Heat (Kafe Antzokia, Bilbao, 10/IV/2010)

No sé si el hecho de que el propio Jim Heath se ganase la vida una temporada como técnico de sonido tuvo algo que ver, pero tuvieron la feliz idea de poner un monitor mirando al público en mitad del escenario, escuchándose la voz en las primeras filas mejor que nunca en el Antzoki (¡que repitan siempre!) asi que pudimos disfrutar de una noche perfecta en la que, en tres pases, el setlist tocó desde los más salvajes “Psychobilly freakout” y “Jimbo song” hasta los más plácidos lounges como “In my wildest dreams” y “Martini time”, con todo el espectro de subestilos de los aledaños del rockabilly que se encuentran en medio.

Fotográficamente, la noche podría haber sido igualmente satisfactoria si no hubiésemos escuchado antes del concierto el fatídico “tres primeras sin flash”, que en contadísimas ocasiones hemos sufrido en el Antzoki. Así, la estupenda luz que hubo anoche quedará en la memoria y no en píxeles. Sufrí de lo lindo cuando el reverendo se subió al contrabajo de Jimbo y no pude hacer esa foto. Como dije en su momento, situaciones como esa sí que hacen que no disfrute como es debido del concierto.

Pinchando en las fotos podéis acceder a la galería completa de fotos de Reverend Horton Heat.

El setlist, según el papelito, que yo no tengo tanta memoria ni tomo apuntes (con enlaces a spotify, si los hay disponibles):
· Big blue car
· Now right now
· I am mad
· Calling in twisted
· Indigo friends
· Galaxy 500
· Bales of cocaine
· it’s martini time
· Big little baby
· Psychobilly freakout
· Ain’t no saguaro in Texas
· Drinking and smoking cigarrettes
· Rural Point of view
· Please don’t take the baby to the liquor
· Death metal guys
· The girl in blue
· Big Sky
· Baddest of the bad
· Five-O Ford
· I Can’t surf
· Wiggle stick
· 400 bucks
· Jimbo song – Devil is chasing me
· Big red rocket of love

Aunque mi memoria sea tan mala, añado dos a ese setlist, porque estoy seguro al 99% de que las tocaron.

· Like a rocket
· In your wildest dreams

También versionearon Folsom prison blues.

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