Ha muerto Javier Krahe, el mundo es un poco peor

Ha muerto Javier Krahe. El mundo ha perdido, en consecuencia, grandes dosis de razón, ingenio y carcajadas.

No es éste un blog en el que abunden los obituarios ni las notas de este tipo. Soy más de dar cuenta de esas cosas en las redes sociales. No me siento capacitado de ninguna manera para escribir algo digno en este género y circunstancia. Hasta hoy, de hecho, aquí sólo podíais encontrar un post similar. Pero Javier Krahe, como Javier Ortiz, son de las personas que de alguna manera me han marcado y creo que merece unas líneas, no tanto para glosar su figura, que otros lo harán mucho mejor, sino para mi propio desahogo y para dejar constancia de mi admiración.

Javier krahe, teatro Campos Elíseos, Bilbao, 8/II/2014

Javier krahe, Camerino del Teatro Campos Elíseos, Bilbao, 8/II/2014

Tertuliano antes de que eso fuese algo despectivo

Supe de la existencia de Krahe bastante antes de tener contacto con su música y su lírica. Fue en una tertulia del programa La Clave (con link a la wiki, que aquí hay gente muy joven). En mi memoria, aquel programa iba sobre fenómenos paranormales o míticos y Krahe, ¡vaya usted a saber por qué!, era uno de los invitados. Allí había una esotérica defendiendo la existencia de la Atlántida, ante el pitorreo del cantautor. En una de esas, ella le espetó “¡No puede usted negar la existencia de la Atlántida!”. La respuesta, genial, fue “¡Claro que puedo, señora, yo soy muy osado!”.

Seguramente, en el relato hay un montón de distorsiones impuestas por mi (falta de) memoria y el tiempo transcurrido, pero ¡a quién le importa!. El caso es que esa frase -esa actitud ante la irracionalidad- quedó marcada a fuego en mi cerebro adolescente y aún hoy es casi un mandamiento en mi tabla sarcástico-cartesiana.

Por aquel entonces yo era un jovencito jevilón talibán a quien la música de Krahe no decía nada. No le hice caso, en lo musical, hasta años después, pero la semillita ya la tenía plantada.

Fotos

Entrando más en terreno on topic -esto es, fotografía musical-, se da la circunstancia de que Javier Krahe fue el protagonista de mi primer retrato posado a un músico y también del último hasta la fecha. No es un campo en el que yo me prodigue demasiado, así que, colegas aparte, resulta que también es el único músico al que he fotografiado dos veces posando.

La primera ocasión, allá por el año 2000, fue para ilustrar una entrevista que le hizo Eduardo Malaventura (Eduardo de Mujika) para El Tubo. Quedamos en la cafetería del bilbaíno Hotel Ercilla y todo fue fluido y cordial. Le recordé la anécdota de La Clave, tanto por romper el hielo como por sentida admiración, y le hizo gracia que alguien se acordase de aquello. Le hice un retrato bastante malo pero con intención (¡era mi primer retrato, oiga!) en el que conseguí que mostrase el envoltorio del Alka-Seltzer que se tomó antes de empezar con las preguntas a modo de tarjeta que enseña un árbitro de futbol. El resultado parecía más un anuncio cutre del medicamento que un retrato del músico.

La segunda fue hace año y medio y de manera totalmente inesperada. Se suponía que debía hacer fotos de su actuación en el Teatro Campos Elíseos pero, cuando me presenté allí, me metieron al camerino. Supongo que hubo algún tipo de confusión a la hora de gestionar el tema. De hecho, tuve que pedirle permiso a él personalmente para que me dejasen después hacer fotos durante el concierto, pues no estaba previsto. El caso es que ahí estaba yo, con mi 70-200 (por suerte, también con un 50) para hacer fotos a un grupo de cuatro en un camerino. Intenté colocarlos en función de la única luz que había allí, pero Javier me miraba como diciendo “parece que hablas conmigo, chaval, pero que sepas que no pienso levantarme de esta silla en la que tan cómodamente estoy sentado”. No hizo ni el más mínimo caso a mis instrucciones poniendo cara de besugo, como si sí lo estuviese haciendo y yo exigiese cosas nuevas.

Yo me estaba partiendo de risa por dentro, pensando en que a él se la soplaban por completo las fotos y que estaba dando clara muestra de ello con su actitud pasota. Lo único que dijo, en una de esas, fue algo así como “no me saques fumando, que luego me empuran”.

El concierto, como siempre, fue un vagar entre la sonrisa, la risa y la carcajada y hasta me atreví a escribir una crónica.

Un placer haberlo disfrutado, sr. Krahe. A buen seguro que seguiré haciéndolo por muchos años.

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